Una mañana, descansando bajo la falda de un gomero, me encontré a la parca. Se acercó amablemente y preguntó por mí. Le dije que no tenía idea de mi paradero, que estaba viajando por todo el mundo, pero que lejos estaba de ese lugar.Hoy, más de quinientos años después, casi totalmente inmóvil y con un aspecto horroroso, me pregunto si me seguirá buscando, o si ya ha olvidado dicho episodio y, espero que no, nunca me encuentre.
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